El Hombre Try
Soretor

El Punky se habìa olvidado

de contarme una historia.

Estaban yendo a ver

a una de las bandas que le gustaban:

Soretor.

Tomaron clonazepan, vino y seguramente

algo parecido a un batazo en la nuca.

Nos subimos al pata de hierro, dijo,

al tren, aclaró. Y nos colgamos del caño

salidos para afuera con el tren andando. 

Ibamos flameando ¡fium, fium!

Las patas para afuera, dijo el Punky que tenia puesto

un buzo negro con capucha a pesar de los 30º.

En uno de los tuneles de esos angostos que solo dejan espacio para el tren, 

uno de sus amigos se quedó pegado como un insecto

al cemento.

Entre todas esas amebas El Punky era el mas lucido y

avisó que la Garza se habia quedado.

¿Como que se quedó?, le preguntaron sus amigos sub humanos.

Allá atrás, con un túnel.

Tuvieron que volver y la policía ya estaba ahí.

El cadáver anestesiado de la Garza tapado

con una manta.

En el velorio alguien puso un rosario

encima del cajón.

Los soldados de la autoflagelación corporal,

es decir,

Punky y sus amigos llegaron vestidos de negro,

con borsegos, tachas, crestas

y funcionando con energía nuclear.

Uno arrancó el rosario del cajó y lo revoleó.

¡Uy, se armó! dijo el Punky.

El cajón con la Garza adentro cayó al suelo,

y fue el primer pogo de la historia en un velorio.

Un tarado la Garza, dijo,

si era tan Garza hubiese volado,

y en lugar de ir a un recital

nos terminó llevando a un velorio.

Ser padres hoy

Anoche soñe que estaba

embarazado.

Tenía un bombo tremendo,

dolía, sentia las contracciones.

Apareció la mujer de un amigo,

(un referente en cuanto a embarazos) y me preguntaba

como me sentía, sí ya me pasaban las cosas que les pasan a las mujeres

cuando tienen una criatura en formación adentro suyo.

Y yo no sé si es que hay que ser padre,

sí hay que contribuir a

la continuidad de la raza.

La paternidad está sobrevalorada,

no es mas que un dato

de una cadena larguísima que llega

hasta el Big Bang.

Sin embargo hoy comprendo a mis padres.

Hubo un tiempo que fui hermoso.

Le decía a mi mamá que la quería

hasta el Cielo,

hasta Disney.

Poco a poco fui creciendo,

y el YO puso una sucursal de mi viejo en mí.

Entonces la mía con mamá

se transformó en una relación con vía coaxíl.

Te hacés la estrellita del rugby, me dijo mamá un día.

Su padre era un gordo con nombre de Narco

que se fue de la casa cuando ella tenía 8 años.

En realidad mi abuela lo hechó y se quedó con

diez contribuciones del de nombre de narco.

En el 2007 mi viejo la dejó.

Ahí empezó a acumular horas  de vuelo

frente a la TV,

como si estuviese haciendo un curso intensivo de zombie.

¿Qué le podía decir yo que pasaba horas frente

a la computadora tratando de escribir algo?

Su disco rígido estaba programado

para ser madre con marido.

Y bueno, a veces las computadoras se tildan.

Hay gente que se droga,

hay gente adicta al trabajo,

hay gente obsesionada con la información.

Ver tele, después de todo, no es tan malo.

Si uno está bien atento

se da cuenta que

la soledad puede ser una buena dieta

para amar.

Mi mamá es un Buda

pero no lo sabe

ni hace falta que lo sepa.

uncuartito:

¿dónde estabas ese año que nevó?

cuando enterramos a papá

en silencio,

llorando,

abrazando a los amigos

con vergüenza

por las lágrimas y el descontento

de soltar al ser querido que se va

sin avisarte,

que se convierte en una mancha más

de la hoja inmaculada

de…

Dios, hacé descender a Boca (aunque yo sea hincha de Boca)

Querido Dios,

voy a pedirte un favor

en nombre de la humanidad

que es solo una porción muy egocéntrica

de tu creación.

Ya nos mostraste tu capacidad,

tu profesionalismo

al mandar a River al Nacional B.

Algo, te confieso, soñado en aquella

decada maldita de 1990.

Te pido, señor misericordioso, sabio y

con algo de sentido común,

hacé descender a Boca también,

hasta el fondo,

donde hay lava,

donde no vaya gente a mirar partidos,

donde no lleguen los representantes,

ni los Dones NIembros y Araujos

criaturas que hay que matar con una estaca en el corazón justo cuando duermen

en sus ataúdes.

Ponéle garra, provocá lo impensado

y que se acabe el mito berreta de la melancolía

de la familia comiendo pizza con la camiseta de Boca puesta,

que por favor desaparezca esa gesta de angustia,

de desorden mental, alimenticio, y hormonal.

Dios, maestro indiscutido, hermano,

condená a la AFA a hacer

tareas comunitarias,

tirálo al perro viejo Grondona

vestido de travesti en Camino de CIntura.

Sé buenito, God(Zilla), tiráte unos rayos

con diluvio universal como esos que tirabas en el Viejo Testamento,

e inundá todos los estadios de los clubes grandes,

para que les supendan a todos la cancha y tengan que descender,

entonces se van a encontrar todos abajo,

en el infierno de la Primera D

ese maravilloso lugar

donde la pelota pica y pica,

perros pasan corriendo por la cancha,

y los equipos llevan menos gente que una moto.

TA TE SHOW!

El último examen que di en marzo del `98 fue Biología. Fueron once materias de una eliminatoria en la que me cagaron a pelotazos. Quise explicar como estaba formado el átomo y los tres profesores me miraban como deben haber hecho los indios al ver llegar a los primeros colonos europeos. Pretendían que supiera la composición de un átomo y todavía no entendía la composición propia.
Los sábados a la noche, Leonardo Simons conducía un programa en el que invitados se metían en un cuadrado de 3x3 que formaba un TA-TE-TI gigante. Los participantes eran 2: uno círculo y otro cruz. Tenían que formar una línea adivinando lo que los invitados preguntaban para ganarse un auto. Si estaban cerca de conseguirlo, Leonardo Simons decía, ¡Hay peligro de Tateshow…! Les cuento esto porque en aquellos años mi atención se centraba en lo que la televisión me podía enseñar. Y un sábado a la noche podía pasarlo tratando de averiguar quien haría, como gritaba el Maniquinizado conductor, ¡TATESHOW!
Bueno, empecé, el átomo tiene un núcleo. En fútbol los equipos que no pueden hacer dos pases seguidos tienen poco volumen de juego, o al menos eso es lo que dice el gran pensador Don Niembro. Eso me pasó. Se cortó el ataque, me entraron a cascotear y en dos jugadas liquidaron el partido. En ese instante, ante la inminencia de irme al descenso escolar me salió hacer un chiste. Hay peligro de Tateshow, dije. ¿Qué?, me preguntaron. Aclaré que con esa materia repetía tercer año. Con lástima me dijeron que cualquier cosa que necesitara podía hablar con ellos. Dale.
Eventualmente terminé el colegio. Sin embargo mi autoestima intelectual no era la mas alta.
Me anoté en la carrera de Educación Física en un instituto para débiles mentales en el club Ciudad de Buenos Aires. Una de las materias era Globología, en la que un tipo vestido de jogging sacaba globos de payaso y se ponía a hacer formas. Una hora y media escuchando al papanata aquél tomarse muy en serio el yeite de llenar de aire un pedazo de hule. Mis compañeros eran unos muchachos encantadores. Semi delincuentes que iban a apretar los jugadores de Racing para que les dieran “algo”, filósofos del rock que explicaban el sentido de las canciones de los Redondos, fugitivos que veían la libertad en caer locos a las clases post pasada por la pista de atletismo y un clon del Tolo Gallego que bailaba cumbia sin cumbia y sacaba a bailar a la profesora. En natación veíamos la técnica de los distintos estilos crol, mariposa, pecho y espalda. Primero la parte teórica y después práctica. Lástima que había unos cuantos que en su vida habían tenido menos contacto con el agua que con el alcohol, por ejemplo. Apenitas, un tipo de un metro 55 directamente no sabía tirarse al agua. Para él de cabeza significaba caer con las rodillas y la cara arrugada esperando la muerte de manos de un verdugo. Eso podía haber pasado, de perder la vida digo. Una vez en el agua se tomo de la soga que separaba los andariveles y así fue hacia el otro lado. En la otra punta el profesor, que también podía ser el enfermero de ese psiquiátrico, le gritaba ¡nadá, nadá! Y Apenitas no contestaba, solo se agarraba fuerte a la soga tratando de llegar al otro lado. Cuando salió confesó que esa era su primera vez.
Un día dejé de ir. Me di cuenta que vivir la vida vestido de jogging podía ser letal.
Me enteré por esa época en que solo me importaba correr con la  pelota como Forrest Gump, que por ser jugador seleccionado la Unión Argentina de rugby tramitaba becas en la UCES, cuya mejor pronunciación es USELESS. Aparentemente había que hablar con un tipo que era fanático del rugby y él te facilitaba el trámite. Fui a su oficina y lo esperé. Estuve una hora al menos afuera de su oficina hasta que me dieron ganas de irme a mi casa a ver el Canal Sony. La semana previa al comienzo de clases fui a averiguar para anotarme en las materias de Kinesiología (estaba convencido de que al ser deportista y por haber pasado tanto tiempo en consultorios esa era mi vocación; o siendo muy sincero me parecía que era un laburo facilísimo en el que había que poner lámparas que dan calor cerca del cuerpo y cada tanto poner crema). Le dije al tipo de recepción que quería ir en un horario matutino y él me dijo que no estaba inscripto en la facultad. ¿Pero cómo, no es lo que estoy haciendo ahora? , le pregunté. Eso hacían todos mis amigos, yo escuchaba que se iban a anotar en las materias y así uno entraba en la facultad. No, me contestó, tenés que matricularte. Le dije que quería solicitar una beca por jugador de rugby, y él me mandó con una tipa a la que le importaba un pito. ¿Querés una beca? Tenés que llenar todos estos formularios y tienen que ser aprobados por el consejo. Salí de ahí tiré todos esos papelotes y volví a casa. Hice retiro de silencio por unos cuantos días hasta que decidí hablar. Este año no voy a estudiar, quiero entrenarme bien. La gran lección que me dieron mis padres fue la indiferencia.
Puedo decir que ese año vi mas televisión que la gente de IBOPE y APTRA. De ahí viene mucho de mi conocimiento y, esto lo digo de verdad, me sirvió tanto como el que aprendí en el colegio. Entonces la enfermedad que aqueja a la humanidad, esa que trae angustia y se llama tenerqueseralguienenlavida-itis, me afectó un toque, no demasiado porque internamente estaba convencido de que lo único interesante que se podía hacer era jugar al rugby. Un diagnóstico de los orientadores vocacionales que me cruzaba en la calle era: Creativo, basado en mi talento para hacer reír a la gente en pequeñas reuniones. Volví a la USELESS, ésta vez sí me  inscribí y fui a la carrera de Publicidad, un lugar bello y lleno de marmotas. El primer cuatrimestre básicamente lo eché a perder; me habían llamado al seleccionado M21 para jugar el mundial en Inglaterra por lo tanto a los segundos parciales no fui y me perdí los recuperatorios. Al volver empecé todo de nuevo. Y fui como esos equipos que salen a la cancha a comerse al rival pero a los veinte minutos se quedan sin gambas. En un año aprobé cuatro o cinco finales de diez. La voluntad es engañosa como los espejos de los gimnasios. En un punto ya especulaba con que me tocaría ir de gira en tal fecha entonces no le ponía huevos  a la materia en curso. Un día el profesor de una materia que llevaba como título algo así como Estrategia Publicitaria se largó con el siguiente poema:

Nosotros, como publicitarios

tenemos que crear el deseo en el público,

no importa como,

y así generar un impulso,

un hábito de consumo.

En publicidad hay que vender como sea,

Sí tenemos un pedazo de mierda

con dos anzuelos en las puntas

tenemos que hacer lo posible por que el publico

quiera comprarlo.

Y el disco de pasta de mi cabeza se frenó y dijo ¡un momento! ¡Eso está para el orto! ¿Estoy estudiando para contribuir a la decadencia de la humanidad? Fue por ahí que me di cuenta que me gustaba escribir, en la materia redacción publicitaria. Caía con unos textos súper elaborados, con historias que eran cortadas por el profesor. Se nota que te gusta escribir, pero poné eso en un brief, me dijo un día. Gran lección que en su momento no entendí. A veces el conocimiento llega vía coaxil y con el tiempo uno se da cuenta. Contando las horas para irme, pasé dos años en esa incubadora de confusión.
Gracias a mi gran talento me pude ir a jugar a Inglaterra. El conocimiento que adquirí en ese lugar llegó de diferentes maneras, muchas de ellas estando borracho. Al tocar el fondo de la estupidez uno puede aprender bastante. Por ejemplo, mi inglés mejoró tanto que parecía un local. Inglés ebrieo, claro. También me dio la capacidad de convertirme en un gran orador y largarme a parlotear sobre cualquier cosa. Cuando el sueño se terminó y me pegaron el Kick in the ass, M., la uruguaya con quien hice un curso Express de cuatro años para formar una pareja de treinta de casados que se odian, me dijo tenés de que dejar de jugar, el rugby ya fue, ¿no te das cuenta? Ahora tenés que estudiar y ponerte a trabajar. Todos mis enemigos acérrimos estaban en esas líneas. ¿Qué querés pasarte el día leyendo y escribiendo?, ¡no se puede!, me dijo después. Donde quiera que estés, cerca de tu padre tal vez, otro gran motivador, te agradezco esa idea tan genial. Así que me puse a leer tanto como pude y escribir lo mismo. El tiempo fue hecho para ser desperdiciado.


No te quiero escribir un poema romántico, Carlos Tévez

No te quiero escribir un poema romántico,

Carlos Tevez,

De esos que dicen que sos el jugador del pueblo,

en un país donde la gente no quiere a nadie

no se quiere ni a si misma.

Vos hoy

 no les servís

Te pinto hacer la plancha.

No quiero salir a decir que vos sos un heroe,

el orgullo de los pobres,

1º porque sos rico, riquísimo, tenés mas tagui

que todo Fuerte Apache.

2º Si algo veo heroico en vos es que no quieras jugar mas.

Carlos Alberto Tevez, naciste en Ciudadela

Podrías haber nacido en un país del Señor de los Anillos,

Me encantaría que puedas decir:

Eeeh, muchachos ya fue no quiero jugar mas a la pelota.

¡Decílo! Estás en la cresta de la ola, ¡Decílo!

Hacé como Forrest Gump cuando sale a correr y todos lo siguen,

Estoy cansado, quiero irme a casa, dice

Y nadie sabe que hacer.

Dejálos garpando a todos, andáte a vivir a donde quieras.

Vos y yo sabemos que esa quemadura

de tu cara se te esta yendo para adentro,

fruto del agua hirviendo que te tira el fútbol.

Se te nota cansado, Carlitos

de que te digan

Que sos feo

Que sos hermoso,

Que sos un pelagatos,

Que te secás después de ducharte con billetes de libras esterlinas.

No es tu culpa no saber que un auto de 80 lucas no se paga

con tarjeta.

No es tu culpa que los padres de Messi se hayan reproducido

en la misma era que tus padres.

No es tu culpa que te hayan convertido en un ícono pop (ni debés saber

lo que eso significa y está bien, Carlitos).

Aunque no sea tuya la culpa, tenés que saber que

la caravana de pillos no va a parar de limarte el bocho.

Todos quieren que cantes quiero vale 4, y la rompas

en un equipo de oro.

Se feliz, hacé lo que realmente querés:

Irte al mazo.

He-Man

Voy a hablar un poco de mi viejo. Está loco. Es un caballo salvaje convencido de que en la vida uno está tan solo que se va transformando en un asesino de sangre fría y si viene alguien a ponerte la mano en el hombro en señal de afecto hay que desconfiar y correrlo con desprecio. Es un tipo que está intacto cerca de los sesenta, se tragó un fiat 600 y se le quedó en el pecho y toda esa solidez está en su pecho transformada en un ego con tremenda polenta. Por eso se cree He-Man. Cuando se separó de mi vieja parecía que He-Man se había ido a la B, que los malos lo habían maniatado y lo tenían secuestrado y cada tanto le pegaban un chirlo para que no relinchara. Me voy a transformar en un amargo, me duele el pecho de la angustia, ¿te quedás a dormir en casa hoy?, me decía. Pero como todo lo que pasó en los 80 tiene su re-make He-Man volvió con todo: ahora tiene una novia quince años mas joven que él y cada vez que me cuenta lo que está haciendo o escribiendo siento que me va a tapar el tsunami que peloteó a los países de Asia. Es más, a veces puedo sentir que anda cerca de tanta energía que tiene. Mientras lo esperaba en su casa una de estas tardes veraniegas, sentado en el sillón oía a las chicharras y autos comunes y corrientes, pero escuché un ruido mas fuerte, el de una camioneta que doblaba interponiéndose delante de alguien seguramente de prepo, y me dije ahí viene el viejo. Y sí, por la ventana vi su camionetaza roja estacionar a la manera que él se mueve, en una pieza igual que un rompehielos y sin maniobras de mas bajó apenas frenó el auto, cruzó la calle con una remera de un color parecido al de su auto. De hecho, él parecía un satétlite de su Ford Ranger, y sus anteojos negros eran el polarizado. Hasta para abrir la puerta es un terremoto.
El Tacho está re colifa. Su novia había invitado amigas a comer y a una de ellas por dejar el auto mal estacionado uno de los vecinos la insultó. He-Man fue al rescate y quiso apaciguar las pasiones exaltadas de un vecino joven, tal vez de mi edad e ignorante de que decir vos callate viejo de mierda que te cago a trompadas es como apretar un botón de autodestrucción. Con todo el poder de Greiscol, He-Man lo agarró del cogote y le dio unos cuantos cachetazos. Pobre, pobre cristiano terminó asustado adentro de su auto. Esto me lo contó el viejo cuando pasé con Nadia a la noche por su casa y enseguida me dijo que escribió un texto que está buenísimo, que les da para que tengan a los virgazos y pacatos.  
Todo para él es como un partido. Tiene la cabeza que parece hecha de hormigón armado, una protección para los topetazos que le da a la vida. Pero es imposible no ver el romanticismo en ese tipo sí hace las cosas como si fuesen su último acto porque dice yo que sé cuanto tiempo voy a estar en este planeta, ¿Quién sabe?
Así como todo en el universo tiene su opuesto complementario, mi viejo siempre tuvo a Lucky Glastra. Miguel “Lucky” Glastra, también conocido como la Anguila Blanca, era un cowboy que compartía equipo con el Tacho en los fabulosos ochenta. Un tipo de 1,95 , pelo rubio larguito y un parecido al Tigre Gareca que le regaló varias comidas en restaurantes. Invita la casa, Tigre, le decían. Antes de los partidos se juntaban en casa comer fideos y eran como dos chiquitos en una tarde de juegos; hacían bromas que a mi mamá le parecían una estupidez, Lucky contaba historias de rugby de ingleses o galeses, y se iban en la camioneta Peugeot blanca con caja de él. Yo iba con ellos. Tan chiquilines eran que se habían inventado una cábala: Los fideos tenían que ser sí o sí Don Vicente o según ellos se desequilibraba todo y podían jugar mal e incluso perder. Antes de un partido habían comido unos fideos que no eran los Don Vicente de siempre, sino los de otra marca que mamá consiguió. Esto les hizo entrar en pánico, pensaron que todo se iba a derrumbar, que su fuerza, igual que la de Sansón desaparecería sin los Don Vicente. Papá se fue de casa a los gritos contra mamá, diciendo que era un desastre, que no se podía cambiar los ritos así como así. Esa tarde ganaron y la cábala pasó a tener un agregado. Comían los Don Vicente y antes de salir papá tenía que quejarse de cualquier cosa a mi mamá. Decíle que los fideos estaban fríos, algo cualquier cosa, decía Lucky.  El Tacho estaba de la gorra y Lucky también. 
La confusión creada por ver tantos dibujos animados de tipos musculosos y guerreros me hizo pensar que el metro noventa y cinco de Lucky y el anchor de mi viejo eran tranquilamente dignos de ser mis héroes. En la entrada a la rural había un stand con dos camionetas iguales a la de Lucky subidas al techo. ¿Sabías que esas las subimos con Lucky?, me dijo papá. Entonces después de eso yo iba por el club diciendo a mis amigos ¿ves a ese? Es Lucky Glastra, mi padrino, él y mi papá son los tipos mas fuertes del club. No era mi padrino pero yo quería que tuvieramos un vínculo, que me pasara su poder.
Mis inicios literarios no se deben a ningún escritor. Lucky fue la primera fuente de inspiración en las letras y otras cosas. Era un poeta espontáneo. Si hubiese escrito habría sido un pionero. El rugby lleva menos gente que una moto, dijo una vez analizando una eventual profesionalización. Contaba historias que te mordían las orejas y no te dejaban escapar. Eso es ser un buen narrador, tener la capacidad de transformar la anécdota en un cuento.
Cuando las botineras todavía eran una pequeña tribu, ni se podía pensar en guinderas. Lucky, sin embargo, salía con Patricia Sarán, esa mina que aparecía en las películas con una tanga metida hasta el cuello y las tiras subidas hasta las axilas. Parece que Lucky a la noche era un Super Heroe también. Era Batman. Igual que ese paladín de la justicia, conocía a todas las criaturas del mundo del hampa nocturno. A los partidos por ahí caía con un futbolista amigo. Una vez fue JJ López y se quedó en un tercer tiempo en La Plata (lo recuerdo porque lamentablemente mi viejo se iba último y yo me tiraba a dormir encima de los bolsos de los jugadores). El que mas venía era el Conejo Tarantini y le indicó al pateador de la primera como entrarle mejor a la pelota. Los miércoles, Lucky jugaba al fútbol en Coconor y ahí estaban Coppola, Ruggeri y todo un grupo de corsarios de alta mar. Y after fobal se iban al Cielo, infernal boliche del menemato.
Tras años de andanzas a los tiros, el Cowboy Glastra se enamoró. Cayó un día a casa con Malala, una flaca morocha hermosa , de 22 años y pelo largo con rulos. Estuvieron un buen tiempo, (siete años creo)  pero,  como Manuelita, un día se marchó y en casa nadie supo bien porqué. Al Cowboy le pegó duro. Papá decía que estaba difícil tratar con su socio y yo pensaba ¡no! ¡la sociedad histórica nunca puede terminar! Y fue ahí cuando Lucky conoció a Alejandra Hasan y tuvo una nena a las 48 años. Hoy vive en General Rodriguez en una casa con un terreno gigante, pájaros, una pileta que limpia él mismo y una parrilla que compró en la ruta y tiene ruedas para trasladar cerca de la mesa larga. Las tardes del domingo las pasa jugando al Burako con su mujer y toda la familia de ella.
Existe también un personaje llamado la Anguila Negra. Su verdadero nombre es Eliseo Branca aka el Chapa Branca. Creo que un científico loco tomo el ADN de Keith Richards y lo mezcló con el de Frankenstein y salió el Chapa. Fue un Puma famoso en los ochenta, lugar mental de donde no puede salir. Durante varios años después de haberse retirado, mi viejo, Lucky, el Chapa y el resto de los cowboys iban a jugar a las Bermudas un torneo de veteranos. Ellos eran los Pumas Classic. Era en noviembre y pasaban 10 dias en esa isla jugando, bebiendo, comiendo y tomando sol, el ABC del hombre de clase media alta. Antes de viajar se juntaban en la casa de uno para ir al aeropuerto. Si lo llevábamos, metros antes de llegar, a mi viejo ya lo habíamos perdido porque tenía la cabeza afuera de la ventana y haciendole jodas al resto de los cowboys. Una vez que se juntaban chau, era un jardín de infantes con niños llenos de testosterona. El Tacho y Keith Frankenstein fueron diez años seguidos. En uno de los viajes hicieron una escala en Nueva York y el Chapa quería comprar medias a toda costa. ¡Yo vivo de essssto! Dijo cuando le preguntaron para qué. Tomaron un tren y en un momento el Chapa le dice a mi viejo, ¡boludo, que caripelas que hay acá! A lo que le respondió: Ellos piensan lo mismo de vos, ¿vos viste lo que es tu cara?
Que quede claro, todos estos tipos pertenecen a la raza que no se permite su extinción; son los machos que jamás pueden dar señales de debilidad.
La Anguila Blanca y la Anguila Negra también eran compinches. ¡Cuantos salones habrán asaltado juntos estos dos Vaqueros! Pero la Anguila Negra como padrino de la primogénita de la Anguila Blanca falló y eso fue enfriando la relación entre ambos. No es que hizo algo malo, simplemente no hizo nada, algo que el mismo Chapa había advertido desde un principio. Hace poco la Anguila Negra lo llamó al Tacho y le dijo que a Glastra no lo veía hacía mucho, que había que manejar un montón para ir a verlo y encima rodeado de “la turcada”. Glastra claudicó, fue la sentencia.
Hace un par de semanas fuimos a comer un asado a la casa de Lucky.  Apenas vio que llegamos vino con su andar del estilo recién bajado del pingo. El pelito sigue rubio y largo, el torso eterno. Hizo una seña con sus manos y le gritó a al pelado que puso su esperma para darme la vida, metélo acá flequillo. Ya empezaba bien, con un toque de poesía espontánea. El abrazo entre ellos dos fue el de la sociedad de siempre. Se palmearon y dijeron vamo, vamo a la pileta y comer una picada. En la galería estaba parte de la denominada “turcada”, padre y madre, y tres mujeres mas con bebes. A mi viejo le pareció mejor ni preguntar el parentesco o los nombres si total no se iba a acordar. El suegro, un flaco bigotón con una barriga larga y dura pasaba por la pileta, ansioso y fumando para insistir con el horario del fuego. Y Lucky tranquilo desde el agua le respondía hacé lo que quieras, la carne está, no se va a ir, si te hace feliz hacer el fuego hacélo. En eso un Audi A3 se metió en el rancho. Ahí viene el Loco Houseman, nos anunció Lucky. ¿Quién?, dije yo y al darme vuelta vi al tipo que en nuestra última visita gritaba que había meter bala a todos los ladrones, que Menem había sido el mejor presidente del país. Antes de que emitieramos un juicio, el Cowboy contó una anécdota. Arrancó así: una vez a Robert Plant le preguntaron si creía que la mala suerte lo perseguía, por la muerte de su hijo, por el accidente de auto, y el contestó no, no creo porque no está adentro mío. Bueno, siguió, este tipo la verdad que no me molesta, ¡sí no está adentro mío! Y así fue a saludar al energúmeno visitante. Tras atender a una turcada exigente y pasiva, finalmente Lucky se sentó en la punta de la mesa cerca nuestro. Tiró lo mejor de su arsenal poético. Yo contesto al toque y de contragolpe como el futbol del Bambino, dijo. A eso de las seis de la tarde, nos sentamos a la sombra y Lucky resumió su presente en una historia. A mi Charly García una vez me dijo que es mejor copiar bien que improvisar mal, empezó. Y no pude evitar preguntarle porqué, cómo, cuando. No es que me cause admiración el ahora lobotomizado tecladista, lo que me sorprende es la cantidad de lugares y situaciones en las que estuvo el Cowboy. Bueno, dijo, estábamos en un boliche y lo llevé en mi auto, me lo manchó todo con whisky, y siguió, en un momento me interesaba conocer a ese tipo de gente pero después me di cuenta de que no servía para nada. Y yo me di cuenta de que no había claudicado, sino que había evolucionado, que las personas en su pasado eran eso y quedaban ahí y las fotos de tiempos de gloria rugbistícos estaban colgadas en el baño de servicio solamente porque a su mujer le gustaban pero a Glastra no, él prefiere vivir en el presente, con su hija, con caranchos sobrevolando su pelo rubio y no en ese lugar mental llamado tiempos dorados.
Al Tacho le gusta decir todavía estoy. Lo dice cuando se siente fuerte, inflando el pecho. En lenguaje hombre-rugbier-cowboy significa todavía me la banco. Se podría traducir como lo peor que puede pasar es claudicar, mostrarse débil y dominado. Era el Super Héroe de mi vida hasta que me di cuenta de que era un tipo que hacía lo que podía con toda la fuerza que tenía, y a veces como la naturaleza, no medía las consecuencias de lo que destruía a su paso. Sin embargo, no me defraudó. Al revés, la caída de He-Man fue la mecha que encendió una vela para mí y lo pude comprender y quererlo mas allá del plano padre-hijo, lo pude querer como ser humano.
http://www.youtube.com/watch?v=7yeA7a0uS3A

Los 4 fantásticos

Las nenas están en la pileta jugando y él las mira sonriente desde el jardín donde matea con su mujer Claudia, su padre, su madre y dos de sus hermanas que son iguales a él.  Si no fuera porque tienen tetas se podría pensar que son hermanos trillizos idénticos. Él mira a sus tesoros que disfrutan sus nuevos bikinis de Giorgio Armani y Claudia ordenó a medida porque no los hacen para niños. Suena el timbre y la mujer se levanta a abrir.

-Pelu, es Don Ramón que acaba de llegar de Ezeiza.

Atrás de la mujer que tiene el pelo de color de una escoba y un bikini que sostiene dos bolas de acero y usa unos suecos con mucho taco, aparece un hombre excesivamente flaco. Es un costal de huesos que camina como la pantera rosa, lentamente al ritmo de una inaudible música funky y viste bluyín gastado, una remera azul y un sombrero de pescador. Sin sacarse el cigarrillo de la boca, que ya no es más que una colilla pequeña y parece quemar su bigote, saluda con una voz ronca y chillona.

-¿Qué onda, manito?

-Ramoncito querido! Como te quiero fierita!- Dice Pelusa mientras se pone las chancletas y se dirige a abrazar a su escuálido visitante.-¿Recién llegás de Méjico? ¿Qué pasó con Kiko?

-Pos, hombre, yo también te quiero Dieguito. Kico tenía unos asuntos que manejar en Guadalajara. Tu sabes, otra mujer que reclama la paternidad de su niño.

-Esta de moda eso, viejo. Yo tengo una que me reclama, una tal Sinagra en Napoli, pero yo a esa no la vacuné ¿No, Claudia?

-Tonterías.¿Donde está mi compadre el Guillote?

-El cabeza de termo está en Miami. Me llamo antes y me dijo que anoche se llevó una trola de almohada, una Sandra Bulo o algo así.

-Chanfle! Ansiaba verlo güey.

Don Ramón acepta un mate pero enseguida pide un poco de aguardiente  comentando que los viajes le producen un déficit hídrico.

-¿Así que la Chilindrina es terrible trola? Vos te la vacunás seguido, no? Que hijo de puta, Ramoncito viejo y peludo.

-Claro mano! Después de uno o dos tequilitas no hay quien la detenga.

-Chicas saluden a Don Ramón- Las dos nenas se acercan y besan al mejicano y él las mira con cara de pervertido como si fuesen dos Chilindrinitas. Diego le advierte que con las nenas no, que son los que más quiere en la vida.

El teléfono suena dos veces y atiende la mujer cabeza de escoba. Don Ramón se queda mirándole el culo que parece tragar vorazmente la tela de la bikini cuando camina.

-Hola yeina. ¿Qué dice la primera dama del fútbol mundial?-Larga una voz melosa con un acento inconfundiblemente riojano del otro lado del tubo.

-Carlitos, viejo zorro! Sos terrible, eh! Ahí te paso con el Gordo.

-Turco! Que haces pirata!

-Dieguito querido, como andas hermanito! Venite pa’ la quinta que tengo gente que te quiere conocer.

-Ni una palabra más Carlitos.

Diegote se despide con un beso de cada uno de los miembros de su familia y a todos les dice que los quiere mucho. A su mujer le agarra una nalga mientras le clava un chuponazo y le dice que se porte bien.

El actor mejicano solo puede repetir orale, salir de parranda con el turco y sonríe aunque no puede imaginar una noche que ni yo, que la estoy escribiendo, puedo.

Subidos al Scania o Ferrari Testarosa, la que ustedes quieran, Diego le cuenta al padre de la Chilindrina que tiene ganas de escribir un libro en el que se autoproclama rey de los argentinos. Ahí contará historias que vivió con un estilo muy exagerado y casi barroco. Incluso en algunas de ellas no estuvo pero encuentra la forma de participar y ser héroe. Y también va a contar que vino a la tierra a salvar al pueblo argentino oprimido por el Imperio inglés. A hacerle reconocer todas su faltas y pecados como argentos  pero él con parábolas futboleras les dará una lección para que se puedan redimir. Y que tal vez tengan que vagar exiliados por el mundo cuarenta años o más, quien sabe, pero predicando su palabra y usando camisetas de la selección.

Todo eso se hará carne o imagen en un programa que será como una misa. Diego quiere invitar a todos y que comulguen de él y le digan lo grande que es. Pero como Él es humilde les dirá que ellos son unos genios y ellos dirán que él es mas genio y viceversa hasta tener calambres en sus cachetes de tanto sonreír. Después le cantarán canciones de alabanza todos juntos como hermanos : actores, músicos, modelos, conductores, comodines y amigos.

-…¿Sabes lo que pasa Ramoncito? Yo de un golpe salí de Fiorito y fui a parar a la cima del universo y ahí me las tuve que arreglar yo solo.-Dice Diego terminando su sermón y mirando a ese cielo que lo lanzó en su aventura dialéctica y futbolística.

Cuando están cerca de lo del Turco el tráfico se detiene. Se escucha el ruido de bombos y un canto que parece el rugido de varios leones. El humo nubla todo.

 

- Me encantaría ir a tu programa.

-Si vas a venir Ramoncito. Va a  venir todo el elenco del Chavo del 8 porque me encanta y…

-Disculpa Diego, muy bonito tu relato pero ¿qué diablos es eso?

-Ah, ¿eso? Eso es un piquete parece. Pero no puede ser, eso todavía no se inventó ¡Ey, escritor! ¡A Menem no le hicieron piquetes! No te confundas, maestrito.

(Tenés razón, Diego. Perdonáme, ya lo saco)

-Tranquilo, Dieguito, déjalo imaginar al pinche escritor. De todas maneras yo tampoco existo. He muerto hace años ya, por vicioso. Y si lo piensas bien, el relato que se viene solo puede ser producto de la imaginación de este chavo que se ha golpeado muchas veces la cabeza.

Cruzan el portón de entrada y se encuentran con Moria Casán que se va acomodando el corpiño con una mano y con la otra tira un beso y grita chau bombones nos vemos más tarde.

En el jardín de la quinta, Carlos Menem, de short y mocasines, sube el volumen del Ipod. A pesar de que no se han inventado, hace mejor el relato que tenga un Ipod porque este hombre es hasta capaz de esas cosas, de tener lo que no existe, de zafar de cualquier acusación de corrupción o tráfico de armas, de poner el peso al mismo valor que el dólar, de decir que se podrá viajar de Argentina a China en diez minutos o que una avispa le embellezca la cara. Entonces, desde ese aparato una voz gitana empieza a lamentarse la perdida de su mujer. Son Los Palmeras que cantan Olvídala. El Turco toma un mate, lo apoya y empieza a menear su cadera con un pasito seductor. Se toca el corazón y canta olvídala, mejor olvídala, arráncala de ti busca otra ilusión.

En la parrilla un gordito vestido con un traje de Versace mueve y controla los tesoros que se doran al calor de las brasas. Es Corach, a quien no voy a llamar por su nombre que se confunde con el del héroe cumbianchero y dirigente del relato que intento llevar adelante.

Diegote contagiado por la música (que surgió en el caribe pero es tan Argentina como el dulce de leche o las Malvinas) , toma desde atrás la cintura y un brazo de Carlos. Le hace dar media vuelta y por diez o quince segundos, sin saludarse, se enfrentan cara a cara bailando esa cumbia hermosa y épica. La cantan, ríen, se abrazan.

-¿Qué hacés Turco, genio?¿Como andás papá?

-Dieguito! Sabía que no me ibas a defraudar.

-A vos te sigo a todas partes. Te presento a un amigo: Don Ramón recién llegado de la vecindad.

-No me digás! Soy un gran admirador. Cuando le cuente a Mingo que vino usted no lo va a creer. En los descansos de las reuniones de gabinete vemos todos los capítulos del Chavo del 8.

-No le hagas hombre, el placer es todo mío! Y puedes tutearme si quieres.

-Allí lo tengo a Corach haciendo un asadito. ¿Qué van a tomar? Para vos Don Yamón, tengo un aguardiente traído especialmente de Tieya Santa, mi tieya. Te va a encantar.

-Pos, que buena atención maestro. No se hubiera molestado.

- Tenés que tener cuidado porque si te pasás te ponés un pedo de novela que empezás a ver lobizones por todos lados. Mi hermano Eduardo sigue creyendo esas patrañas provincianas, pero es porque no larga el tubo.

-Quédese tranquilo hombre que de eso tengo experiencia. Para mi es como tomar agüita nomás. Lo de ardiente es para los flojeras.

-¿Fernet compraste, Turco?

-Uh, esperá que mando a comprar. Además lo tengo a Clinton que quería probar.- Toma el teléfono y dice.- Che Yucaufcito, no te vas al Makro a comprar unos fernes? Gracia’  hermano. ¿No lo viste al Guillermo? ¿Cómo qué Guillermo? El Clinton. Bueno vaya nomás. Que sea Branca, no andes comprando pedoyadas para ahoyar.

Desde la puerta de la casa sale el norteamericano subiéndose el cierre del pantalón. Su viaje es, supuestamente, para firmar acuerdos entre ambos países. En realidad aprovecha para parrandear con Carlos, la envidia de todos los mandatarios mundiales, la figurita difícil. Mientras se entretiene con esto, los verdaderos gobernantes de Estados Unidos se ocupan de asuntos de estado. Se podría decir que es solo una cara, no bonita en este caso.

-No me digas que el que me quería conocer era el 4 de copas este.

-No Dieguito, no. Ya vas a ver. Guillermo vino porque está loco con la Zulemita. No se que tiene.

-Es un arquerazo.- Dice con la boca de costado el enviado de los cielos.

-Lo sé Diego, te entiendo. Es un pinche gringo puñetero. Ya verás como quiere confraternizar conmigo. Conozco bien este tipo de cabrones.- Dice Don Ramón entrecerrando los ojos con ese odio que solo le tiene a Doña Florinda.

-Tranquilos compañeros. Al Bill déjenmelo a mi que lo tengo bien amaestrado.

-Hola Diego, tanto tiempo. How are you?

-Que hace’  Clinton. ¿Qué pasó con la Lewinsky? Se te escapó la tortuga ahí, eh.

-Oh yes, si. Buen momenchou anyway.

-El es Don Ramón, un gran actor de Méjico.

-Mexico! Eso es cerca de United States. Nice to meet you Ramón. La mujer que cuida a mis hijas tiene tu nombre pero con una A al final. Ramona.

-Chanfle! Este cabrón es mas tonto de lo que pensaba, güey.

-Que gente tan simpática. I like Mexican people.

-Guillermo, Bill querido, ¿porque no vas a ver en que anda la Zulemita?

-Zulemita! Yes, yes!- Y usando su pene como GPS se va al encuentro con la hija del dueño de casa que debe andar merodeando por algún rincón de la quinta.

Sentados en ronda con un fernando en la mano cada uno, excepto Ron Damón todavía fiel al aguardiente, conversan sobre Perón.  A Carlos le encanta imitar al general y el Diego piensa que es genial y lo jura por sus hijas entonces debe ser verdad. El mejicano no entiende nada de eso, lo cual es comprensible.

Se acerca una bandeja con choripanes que Corach ofrece con una sonrisa irritante que Carlos pide que borre de su cara por su bien, para no parecer un verdadero monigote.

Con esta degustación de manjares e improvisación actoral una voz anuncia la llegada de mas visitas. Se acerca con un andar felino y una sonrisa Mick Jagger y atrás un canoso sin gestos que trae el cantante para cualquier antojo o emergencia. Charly Watts viene a ser para Mick lo que Corach al Turco.

Decidí que Mick hable un perfecto español, que no aprendió en la vida real ni cuando estuvo casado con Bianca, la modelo nicaragüense (No le interesaba, solo le parecía que casarse con una centro americana tenía toda la onda). Es importante para el relato que el cantante maneje el idioma, como un requisito para un puesto laboral. Además me ahorra el trabajo de traducir todo y lo hace más ágil y verosímil. Por eso lo mandé a Clinton a perderse por ahí. Voy a pensar si vuelve pero definitivamente su participación será nula.

Las presentaciones las voy a obviar porque sí. Así que hagamos de cuenta que siguen hablando y empinando.

-Fue con la mano, ¿verdad Diego?

-Y si Mick, que te voy a mentir a vos. Una pequeña travesura, como las que hacía en Fiorito.

-Está bien, no hay problema. Yo he hecho las mías. Te voy a hacer una confesión: yo hice trampa más de una vez.

-¿Cómo es eso Mickcito?

-Bueno con Keith nos aprovechamos de Mick Taylor que hacía unos temazos pero nosotros los firmábamos con nuestros nombres. Después el chavón se hizo adicto y no podía reclamar nada. Con Ron Wood hacemos algo parecido pero como el pibe pagaría por estar en la banda no dice nada.

-Santo cielo Mick. Es lo mismo que hacemos con Kiko. Verás, Chespirito y yo firmamos todos los libretos pero muchos de ellos son ideas de Carlos Villagrán, o sea Kiko.

-Ya lo dijo Maquiavelo muchachos: “El fin justifica los medios”. No e’  ne’esario que lo yepita.

-Maradona piensa igual que vos Carlos, aunque a los cornudos no les guste.¿Como se piensan que le ganamo’ a Brasil? El nuestro es un país bilardista. Igual la pelota no se mancha nunca. Che Mick, papá ¿Donde quedaron Ron y Keith?

-Se juntaron a comer un asado con la barra brava de Nueva Chicago. A ellos les gusta eso de los bajos fondos.

-Me gustaría tomarme unas copas con esos cabrones. Siento que nos llevaríamos muy bien.-murmura Don Ramón.

El nivel etílico en la sangre va subiendo, sobre todo en la de Ron Damón que pone unas rancheras en el Ipod y las grita con los ojos cerrados y un chillido de gárgola entre gracioso y aterrador. Carlos, empilchado con un traje blanco y una camisa rosa, escucha a Mick dar la visión que tienen los europeos de Argentina.

Imaginan que en las calles los hombres, todos de piel oscura, andan con el torso desnudo. En una mano llevan un pedazo de carne que muerden violentamente y a sus pies una pelota de fútbol con la que hacen jueguitos o una bicicleta o una rabona cada cierta cantidad de pasos. En las veredas hay parejas bailando un tango continuo e interminable y a su lado desfilan mujeres de belleza hipnótica y tetas diabólicas en ropa interior. Hace un calor excesivo que hace creer que estar ahí es el paso previo al infierno de Dante. No es, pero todos esos elementos dan una imagen de cielo e infierno. No tanto los autos viejos y destartalados que se persiguen a los tiros entre palmeras movidas por una deliciosa brisa. La sola idea de que en ese país, que visto en el mapa tiene forma de porción de pizza, se refugian los nazis y la Cossa Nostra y a su vez es tierra santa, el lugar donde Dios decidió mostrarse hombre con botines es perturbadoramente confusa.

No es normal que pase algo así, que se encuentren cuatro superhéroes reales a compartir un asadito y filosofar. Digo reales porque sería muy fácil inventar y dibujar unos tipos que no tienen ningún defecto, que sean intachables y encima puedan volar, frenar trenes, sostener puentes, etcétera. Pero en eso no hay ningún talento real. Los cuatro fantásticos son superhéroes ambiguos.  Simplemente hacen lo que hacen, sea bien o mal, y son humanos o casi. Y están ahí porque el universo así lo quiso. Por ejemplo el Diego en una villa nació, fue el deseo de Dios (como le contó a Don Ramón) crecer y sobrevivir a la humilde expresión de enfrentar la adversidad con afán de ganarse a cada paso la vida.

¿Y qué fue lo que puso a Carlos en el camino de la Argentina? Fue el azar con una historia delirante que rompe con todos los parámetros de cómo deben ser las cosas. Un sociólogo podría analizar inmigración, economía, factores multicolor y nadie entendería nada. No hay nada que entender; el universo así lo quiso.

El más allá (cielo o infierno o ambos fusionados) envió a sus agentes a dejarnos mensajes como profetas modernos. Entonces Ramón Valdéz no es nada más ni nada menos que la forma mejicana de Keith Richards, como José Monge a.k.a. Camarón es la versión gitana y andaluza de aquellos y de Jim Morrison y de Menem y de tantos más que ni se.

Lo de Mick puede llegar a tener una explicación, el porqué de su heroísmo. Él si es normal. Formó una banda tras encontrarse con Keith Richards en una estación donde hablaron de discos de Blues. La industria discográfica, las modas y el swinging London de los sesenta los pusieron en ese lugar sagrado que ocupan. Si no los hubiesen puesto en el lugar donde están yo sería una persona diferente y escucharía a Jorge Cafrune. Pero Mick no se encontró con cualquiera; fue con Keith Richards. Jagger era solo un instrumento porque Exile on main street y Sticky fingers estaban destinados a llegar a nosotros. ¿No tendrán algún significado?¿No deberíamos dejar de hurgar en la biblia y empezar a buscar en otros lugares para descubrir la razón por la que estamos en esta inmensa pelota de tierra y agua?

Son demasiadas conjeturas para un pequeño relato psicodélico.

Mi imaginación pone a los cuatro en la limosina del dueño de casa no sin antes cortar el pico de una coca cola y llenarla de hielo y ferné para el camino. Diego, Mick y  Don Ramón, que se tomó todo el aguardiente y cambió de bebida, se pasan el cáliz. ¡Hay que tomarse un tubo de aguardiente y seguir intacto! El hígado de este muchacho es a prueba de bombas nucleares. Carlos prefiere, a esta hora, tomar champán y lo comparte con Moria Casán y Anamá Ferreira. Estas dos amigas llegaron mientras me iba por las ramas y están sentadas una a cada lado del presi acariciándole el pecho. No son las únicas mujeres en el largo auto que por momentos parece literalmente un albergue transitorio donde se desata una fenomenal expresión sexual. Ah bueno dicen todos cuando el huesudo actor al sacarse el pantalón muestra que ahí complementa todo lo que le falta de carne en el cuerpo.

Al entrar a la fiesta ven a Lía Crucet con una minifalda y un corpiño cinco talles menos de lo que debería usar cantando una versión cumbiera y en español de Start me up.  Esto es demasiado para el mejicano ya en un nivel de éxtasis y euforia inigualables. Sube corriendo al escenario y mete su cabeza entre las tetas de la tucumana que no deja de cantar. Se suben para cantar a trío Jagger y Carlomagno, todavía de blanco ala, y es una competencia para ver quien es el mejor bailarín.

Nunca hubo una fiesta igual y eso que estos tipos fueron a muchas. Destruyendo la pista está Diego y baila con la misma agilidad con que humilló defensores. Por si fuera poco hace equilibrio con el vaso lleno en su frente. Es increíble, me gustaría que fuera verdad y estar ahí, más ahora que Ron Damón se trepó al caño del escenario y colgado desde arriba agita a toda la gente loca abajo. Andale, güey, andale. Cuando termina el tema se tira por el tubo como Batman, besa a Lía y se levanta la remera para que firme su pecho.

Todo es felicidad y alegría como en Brasil hasta que por la puerta aparecen justamente O Rey Pelé y Havelange. El vaso de la frente de Diegote cae porque esa presencia fue como si le cortaran las piernas. Toda su camisa esta llena de ferné pero lamparón más, lamparón menos no hace la diferencia. ¿Qué le hace una mancha más al tigre?

Y cuando están frente a frente, el rey blanco le recuerda al rey negro su debut sexual, como dice él, con un bepi. Todo puede explotar. Havelange saca una 9 mm del sobaco y aunque Ramón lo intente impedir tirándose frente a él desde el escenario lo único que consigue es que la gente lo ataje como en un recital de Metallica y lo apoye en la barra donde le ponen la botella de aguardiente adelante. Inevitablemente se deja llevar por el aroma de la botella que lo envenena y se olvida de su acto heroico.

-Mano a mano hemos quedado, Dieguinho. Eu sou O Rey, voce un jogador normal.- Dice Pelé

-¿Qué mano a mano? estás con el botón de Havelange, que encima era arquero. Vos acá estas muy lejos del rancho pa’ hacerte el guapo, papá. Move los cantos, rajá de acá.

Con la última frase le revolea una patada como la de aquella batalla campal en Barcelona contra el Bilbao y le pega en la pera. Edson Arantes empieza a ver estrellitas y su amigo, Joao Havelange cuando está por abrir fuego es golpeado desde atrás por un guitarrazo que le rompe el cráneo en dos partes iguales como si fuera una manzana. Al separarse esa masa encefálica vieja y corrupta aparece detrás un humo que se va limpiando y una imagen calavérica. En seguida se ve a Keith Richards guardarse la guitarra en su espalda. Le pega una pitada a su cigarrillo y le guiña el ojo al villero de Fiorito.

-Don’t worry about it, mate. You are my hero.

-Keith! Sos lo más grande que hay, fierita. Estos cabeza de termo no me van a venir a torear justo a mí. Tengo un amigo que te quiere conocer. Se llama Don Ramón y te va a caer bárbaro. Está ahí en la barra tomando…   ah ,mirá ya se hizo amigo de Ron Wood. Te dije!

-Come with us Diego, have a drink.

-Dale vamos. ¡Que alguien se lleve a estos cuatro de copas!

En el VIP Carlos y Mick están rodeados de mujeres y se felicitan por su versión y su pasos de baile gloriosos. Para coronar el éxito, el Turco recibe una remera con la lengua Stone que le queda bien al cuerpo como a él le gusta y le entrega a Jagger su camisita rosa.

 Después de unos tragos y mil anécdotas, a las ocho de la mañana, Diego se despide. Deja a los dos Stones junto al mejicano. De lejos parecen la misma persona.

Llega a su casa, entra al cuarto de sus hijas y les da un beso. Dalma y Giannina son lo que más quiere. Y a la Claudia, la que estuvo siempre con él. Por eso cuando entra a su cuarto le dice preparáte que hoy cobrás.

El chico mas rápido de la playa

La arena estaba seca y tibia, tal vez

una condiciones no muy favorables para correr

la carrera que iba a determinar quien era

el chico mas rápido de la playa.

Los pesos debutaban en la economía, era 1992 y hacía solo

diez días me habían robado mi bicicleta naranja, esa bosta que se rompía

de solo esquivar un chicle pegado en el suelo.

Yo estaba sentado al lado de las reposeras de mis viejos,

mi hermano jugaba con un avión sostenido con una tanza,

y unas promotoras preguntaron si quería correr

una carrera

para definir

quien sería 

el chico mas rápido de la playa.

Ya había logrado ser el mas rápido del colegio,

y también le había ganado a liebres

de otros colegios.

En la última carrera había hecho trampa

sin saberlo. Faltando media vuelta me quedaba uno solo

por pasar. Si buscaba ir por la izquierda necesitaba una velocidad 

que no estaba seguro de tener. 

Entonces, fui por la derecha, me corrí del andarivel y pisé el pasto

para después ponerme adelante de él y alejarme

hasta la línea de llegada donde estaban mis compañeros a los gritos,

Carlos Voltar, el profesor de Educación Física a los saltos y todas las chicas

deslumbradas por mi velocidad.

Una vez que me hubieron entregado la medalla, Carlos Voltar,

que me llamaba su pollo,

me preguntó si había hecho trampa y yo negué y negué

mirando mi medalla. 

La confirmación de mi poder veloz, aquél verano del ‘92, me hizo

pensar que necesitaba probar mis piernas al menos una vez por día y por eso

a cada lugar que iba lo hacía corriendo. Por ejemplo:

cuando bajaba del colectivo a las 7.30am picaba a toda la velocidad las cuatro cuadras

desde Centenario hasta el colegio con la mochila, o si iba a lo de algún amigo a jugar

también lo hacía corriendo

y competía con los autos, con los perros, esquivaba árboles.

Correr rápido para mí era una misión. 

A las promotoras les dije que si. La cita era media hora mas tarde

cerca de la silla del bañero que iba a ser el juez de la carrera.

En la línea de largada miré a mis costados. Y ninguno tenía cara de

poder vencerme.

Hola, soy Ocean me dijo un pibe que usaba una boina. ¿Ocean? le dije y

miré el mar. Si, Ocean Verdou, contestó, suerte che.

Se sacó la boina y se la entregó a su staff, que en realidad 

eran su hermano y un amigo.

Largamos. La arena no pudo contener la explosión de mis pies,

ni el remolino que formaron como en los dibujitos del Correcaminos.

A mitad de camino

ya tenía los ojos vidriosos

por el viento. 

Por el rabillo del ojo no vi a nadie cerca, 

solo el mar

y la gente que miraba mi coronación. 

Ocean salió último y no le importó. Vino primero a felicitarme

sin antes calzarse su boina.

“¡Sos el más rápido de la playa, sos el más rápido de la playa!”, dijo.

A mis viejos y mis hermanos los invité esa noche

a compartir el premio. 

Yo caminaba adelante de ellos, en puntas de pie como 

los atletas olímpicos negros, y

portando la remera que decía

“El más rápido de la playa”

y abajo “Helados Piove”. 

Un día mas tarde ganamos una competencia

de penales

con mi hermano, pero eso es

otro poema.

El trencito de la alegría

Los muertos vivos se van acercando a la cámara y prometen recuperar los trenes y el agua. Atrás de Pino y Alcira, los demás zombies quieren pasar o decir algo, alguna otra propuesta. Recuperar los trenes es la propuesta que mas me intereso. Y el nombre de Alcira... Ah, el nombre de Alcira quedó tan grabado en mi mente que ahora a mi novia la llamo de esa manera. Alcira. Los trenes, que vuelvan los trenes y trencitos de la alegría.

Tomaba un helado con mis dos hermanos en Villa Gessel. Era 1993 y yo tenía once. Mis hermanos 14 y 6. Íbamos mirando las ferias hippies cuando el Capitán America pasó entre nosotros y gritó: ¡Eh, esperen, la concha de su madre! Cargó la saliva mas espesa y verde del menemato y la escupió con fiereza, como si necesitara alivianarse y poder alcanzar al trencito de la alegría que arrancaba su marcha lleno de niñitos a punto de dar un paseo diabólico. El garzo, pesado y sólido, pasó en cámara lenta frente a la mirada nuestra en HD. Rebotó en el suelo a solo cincuenta centímetros de nuestros piecitos púberes. En cinco zancadas, como solo los superhéroes pueden hacerlo, llegó al trencito, pegó un salto y se enganchó con los dos brazos a la vez que Pluto y Bart Simpson lo sontenían. El trencito dobló y los último que vimos fue el paquete de Capitán America embutido en la lycra azul. Al año siguiente, de nuevo en Gessel, en una de esas tretas que te juegan los grandes a esa edad, terminamos con mis hermanos paseando en el trencito para cuidar de mis primitos. Era una vergüenza. El infradotado del Pato Donald nos instaba a cantar los temas de Carlitos Balá. Bart Simpson tocaba una pandereta y cuando Fran, mi hermano mayor, se la pidió, ortivó. De pronto, un payaso sin dientes que estaba en el asiento del fondo comiendo un churro con café, se paró y nos arengó igual que un barra brava en la popu. ¡Vamo’, la peeeelmaaaaa, vamoooo’ la pelmaaaaaaaaaa!, gritaba y pedazos grasientos de churro iban a parar a todos los rincones de la fiesta andante. Es él, le dije a Fran, el que era el Capitán America, ¡¡el del garzo!! Y entonces nos pusimos a cantar con él. ¿Que gusto tiene la sal? Salada…

Esta mañana no pensaba ir a votar ni porque me llevaran en limusina. Mi mamá muy solemnemente me dijo, vos nieto de Enrique de Vedia, un defensor de la democracia, deberías ser el primero en ir a votar. Mi abuelo fue diputado por la Democracia Cristiana, secretario de familia en el gobierno de Alfonsín y diputado constituyente por la UCR en el ‘94. A los casamientos de mis tíos Alfonso fue a todos. Yo le dije que se tendría que votar por Facebook, me gusta o no me gusta, y me contestó que no sea imbecil.  Si querés cambiar las cosas tenés que ir, me dijo. Pero yo no quiero cambiarlas de esa manera, la única forma de que se acabe la angustia, de que todos los militantes pro K, anti K, los tirapostas y los taxistas dejen de sufrir, es invitar a todo el pueblo Tibetano a vivir acá, que toda esa sabiduría que tienen y acá se ignora porque es obligatorio ser cínico, y melancólico, la traigan consigo, que nos llamemos Argentibet.

Yo no sé que hacer entre tanta gente super enamorada de este gobierno y tanta otra que lo odia, que piensa que Cristina, Boudou y Aníbal son Darth Vader, Munra el inmortal y Skeletor.

Anoche en plena veda fui a una fiesta inolvidable en lo de mi amigo Matute, que en la infancia hacía fumar sapos y ahora el sapo es él. En la entrada te daban un auricular y podías elegir la musica de tres  canales. Reggeaton, Tecno y Rock. Si te sacabas el auricular había silencio y podías escuchar a la gente cantar desafinada pero desenvuelta. Probé sacarme el auricular y pude bailar sin música y quedaba re bien. Fue ahí que me di cuenta de que estoy un nivel mas arriba, en el nirvana musical y que por haber sido negro en otra vida llevo el ritmo en la sangre. A mi de una villa no me podrían echar de una patada en el culo, que según el Diego si bailás mal te lo hacen. Te rajan de toque, y dijo que Macri por patadura sería el primero en comerse un voleo.

Fui a comer a lo de mi amigo Rata. La tarde estaba tan gloriosa que estaba dispuesto a deshonrar la memoria de mi abuelo para tirar medialunas en el jardín de mi amigo. Pero mi novia, que ahora llamo Alcira, no me dejó, aunque ella tampoco votaba por ser cordobesa. La escuela donde voté era un rancho cascoteado. Cuando estábamos ahí la madre de ella, por teléfono, me instó a votar bien, lo cual podía tomar como votá por el candidato que yo voto y no a los K. Yo pensé en Pino y Alcira queriendo recuperar los trenes, y también en el gargajo del Capitán America, en su arenga barrabravesca y en esa fiesta del trencito de la alegría. A los de la mesa mi idea de votar por Facebook les pareció genial. Mas que nada sus culos me daban la razón. Entré y por poco meto la boleta de Altamira que me dio un poco de lástima mendigando votos en sus spots. Pero pensé, loco si no juntas hinchada  no te da para primera. Entonces agarré la verde con las dos palabras mas hermosas que me pueden devolver una tarde como esa en Gessell. Alcira Argumedo te amo a vos, a tu nombre, a tus zombies y a tus trenes.